ESTAMPADOS

ESTAMPADOS
Siempre tuve la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta.

(...)

Aún recuerdo un poco choqueada la escena en el living de la casa. Cuando esa pieza que nos entregó tantas alegrías se transformó en un triste lugar, en el lugar de donde te veríamos partir y de donde hoy sólo quedan lindos recuerdos.
Recuerdo un poco confusa a mucha gente entrando y saliendo de aquella pieza. Yo sólo te miraba un tanto extrañada desde un sillón, no podía ver nada muy claramente. Parecía que esperaba que despertaras de repente y te pusieras rápidamente de pie, como hace tanto no lo hacías.
Ahora, después de exactamente tres meses, aún no puedo describir todo lo que sentía, todo lo que pasaba por mi mente, y a decir verdad, lo impresionante que fue vivir ese momento.
Lo peor fue cuando llegó la hora de despedirnos, en realidad despedirme… para siempre.

Llegaba la hora de la despedida. Creí que el mundo caía sobre mí, que de un momento a otro todo acabaría y que llegaríamos a casa y te veríamos nuevamente ahí, conversando y esperándonos en tu pieza, que en el último tiempo se había transformado en un centro de reunión. Pero no. Cuando llegáramos a casa nada seria lo mismo, tú ya no estarías, te habrías marchado y no volveríamos a verte, sólo quedarían miles de recuerdos a nuestro alrededor, miles de hermosos momentos, miles de objetos con historia, mil cosas que a cada segundo se encargarían de hacernos recordar que ya no estabas a nuestro lado.

No sabes lo difícil que es llegar a la casa todos los días y saber que tú no estás. No sabes cuán difícil ha sido reconocer en la cara de cada uno de tu hijos el recuerdo que los envuelve con tanto dolor, tanta tristeza. No sabes lo difícil que ha sido ver a nuestro viejo solo, sin ti que eras su cable a tierra, su esposa, su amor, su viejita, su todo.

19.04.08 ... tres meses...

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