Se sentó junto a mí tapando su rostro con ambas manos. Lloraba con unos fuertes sollozos que hacían temblar todo su cuerpo. Su largo cabello se humedecía con las lágrimas. Me pidió un pañuelo y se lo alcancé. Se llevo también mi reloj y mi billetera.
Alejandra Medina, Santiago en 100 palabras
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