Soy de ojos impenetrables, sonrisa cínica y labios mezquinos. Diría que es mejor no esperar mucho de mí, de mis mañas y manías. Me caracterizo por ser levemente hiriente y bastante irónica. Si no entienden mis palabras dudo que sea posible quererme, a modo de consejo, no intenten entenderme a la primera, porque eso requiere de tiempo y dedicación. No quisiera parecer soberbia, pero es mejor no mirarme de reojo. De vez en cuando me vuelvo misteriosa, otras cuantas soñadora, en unas peores se me pierde el humor, estallan los truenos y se acaba la simpatía. Y eso no es todo, otras veces dejo de disimular mis malas intenciones, esas veces aconsejaría más de cien metros de distancia a la redonda, todo para no poner en peligro la integridad física y, sobre todo, psicológica de los cercanos. Por otra parte, suelo parecer inocente, pero de eso, siendo sincera, tengo bien poco. Sería bueno regalarme unas cuantas visitas al psiquiatra y otras cuantas caminas silenciosas, podría también recibir un compendio de música argentina, rock latino y anglo, un libro de bobadas, escritos lujuriosos, fotografías, un cuadro, unas velas o incienso, todo a gusto del dador. Me conformo con cosas simples, simbolismos que a simple vista parecerían insignificantes, así podrían conquistar mi esquivo humor y mis lejanos deseos de emparejarme.