-¿Alguna vez tuviste novio?
-¡por supuesto!
-¿Qué sucede cuando se termina?
-Lo que sucede siempre... la vida.
Y entonces fue que lo conocí. Una noche de verano, entre algunos bailes, uno que otro trago y varios humos echados. Había dejado el tabaco, contó. La marihuana no había por dónde. Llevaba una camisa un tanto salida y unos pantalones accidentalmente a medio caer. Siempre creí que quería parecer casualmente desarmado, pero que en realidad pasaba horas frente al espejo ordenando cada detalle. Después de varias sonrisas vinieron los bailes, tenía gran destreza, lo que era un gran indicio, pero nada que se me comparara. Siempre le gusto bailar conmigo, todavía creo que gusta de ello. Continuó la noche, luego nos besamos y continuamos haciéndolo durante el resto de las horas. Yo no quería nada, no estaba haciendo otra cosa más que disfrutar de aquella noche. Él no. Me sacó por cansancio, por insistencia, y así lo quiero dejar escrito.
Bueno, y durante algún tiempo... salimos, bebimos, fumamos, reímos, bailamos, hablamos, dormimos, peleamos y todos los "mos" que vengan al caso. A decir verdad, no sé qué fuimos. Amigos claramente no éramos, novios por ningún motivo. Siempre decía que me hacía la rebelde, pero que en realidad era como un gatito recién nacido. No sé, siempre me mostré arisca y libre en frente de él, aunque por dentro estaba amarrada a sus encantos, qué no eran pocos. Era lejos el mejor tipo en la cama, tenía una fogosidad incomparable, una forma casi artística para entregar placer. Era el mejor compañero de juerga, podía pasar días y días bebiendo, riendo y bailando, drogándome, no sé si más con él o de él, pero juntos. Tenía una capacidad encantadora para hacer reír, podía pasar horas escuchando sus historias y reír sin parar al compás de sus tiempos. Sus llamados, por más normales que fueran, me hacían temblar y sonreír. Hubiese sabido lo idiota que me ponía, jamás hubiese estado conmigo y no lo culpo.
Todavía no sé si fue de un día para otro o si fue de a poco que terminamos por alejarnos. No sé si fue él o fui yo. Pero para él siempre he tenido la culpa de todo, y, por supuesto, es lo más cómodo.
Comprendí después de un tiempo que a los tipos como ese no se les puede atrapar, o tal vez sí, pero evidenciarlo te haría morir en el intento. Eso me pasó a mí. Nunca he podido descubrir si estuvimos juntos o si yo estuve con él o él conmigo.
De momento sigo con tantas interrogantes, con tantas confusiones... tampoco sé si quiero respuestas, de vez en cuando temo por ellas y quién busca puede hallar, dicen.
Ahora, como muchos, es parte del pasado, pero él más que eso... es ese pasado recurrente, ese que te toca la puerta cada cierto tiempo, ese que puedes recordar, ese que evoca historias todos los días. Ese tipo de hombre que, a pesar del tiempo alejados, sigue haciéndote temblar cada vez que lo tienes en frente. Ese que por el que pierdes la calma. Aquel que deseas encontrarte de casualidad y que cuando lo haces todo se te escapa de las manos. Ese tipo para el que siempre estás, sin importar cómo, dónde ni cuándo. Ese que hace sonar el teléfono de madrugada, ese que no importa lo bebido o drogado que éste, ese que da lo mismo si estuvo con otra. Ese tipo de amor que no necesita constancia para ser permanente. De eso se trata, de no importar el tiempo ni la distancia, pues la atracción se hace evidente y sobrepasa los límites de tiempo y espacio. A eso es lo que llamo un amor libre. Libre, fugaz y ardiente. Si el problema, al fin y al cabo, no es como llamarlo, sino como deshacerte de él.
Y en eso estoy ahora, intentado deshacerme de él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario