[Leyendo al Che en las inmensidades del cerro Guacarhuino, que a las alturas de septiembre tendía verdes los caminos y entregaba una poca de sombra como queriendo atenuar -a su manera- la calurosa tarde.Desde las alturas se aprecia la tierra... campos marcados de esfuerzo. Se respira también el cariño de su gente, la sinceridad de sus miradas... miradas dulces y manchadas de sudor, ese sudor por el trabajo honesto, porque allá sí que se desconoce la pereza. ¡Cuántos quisieran tener la tranquilidad que se respira en esos cerros!]




